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viernes, 4 de mayo de 2012

Los enemigos del alma




A veces tengo la sensación de que el disco duro soportado por mi cuello está demasiado lleno. Tiene almacenadas en su memoria las mayores chorradas de mi más tierna infancia y no le queda capacidad para recibir la información actual que me interesaría archivar. Nunca me he planteado un formateo, pero sí ir borrando cosas antiguas que no valen para nada; sin embargo deben ser de esos archivos ocultos que se agarran a la vida como las garrapatas a la oreja de los perros, porque me resulta imposible eliminarlos. Tan así es la cosa, que me he convertido en la papelera de reciclaje de mi familia. Estoy acostumbrado a que mis hermanos me llamen para preguntarme las mayores estupideces, después de haber comentado entre ellos: “De esta tontería, como no se acuerde Chema no se acuerda nadie”. Y efectivamente en muchas ocasiones soy capaz de satisfacer sus curiosidades, aunque por la mañana haya tenido que esforzarme para recordar el nombre de la empresa en la que trabajo.

¿Y qué coño tiene eso que ver con los enemigos del alma?, se preguntará el amable lector. Vayamos por partes, no se me ponga nervioso. Estaba  haciendo una introducción para manifestar que puedo repetir de memoria muchas cosas aprendidas en el colegio cuando tenía seis o siete años. Una de ellas son las respuestas a las preguntas del catecismo. Puedo  recordar incluso lo que pensaba al  respecto cuando las contestaba. 

¿Cuáles son  los enemigos del alma? No  tenía muy claro lo que era el alma (no lo tengo ni ahora), como para buscarle enemigos; pero no había problema, porque me los daban hechos. Los enemigos del  alma son  tres: el  mundo,  el demonio y la carne. La cosa consistía en tratar de comprender un poco el  papel de cada uno. Tampoco debía ser tan difícil. Para empezar el  alma era invisible y además inmortal, o sea que algo tenía que ver con Dios. Al ser tan espiritual yo me la figuraba pariente muy cercana del Espíritu Santo, que era ese cacho de Dios que (como Mortadelo) tenía la facultad de disfrazarse de lo que quisiera. Para eso era Dios. Lo mismo te podía salir volando como una paloma (y como el alma de los cuerpos), como plantarse encima de la cabeza de los  apóstoles en forma de lengua de fuego.

En cuanto a los enemigos, el más fácil de entender era el demonio. Los que son malos de verdad (y estaba claro que Satanás lo era) no discriminan a sus víctimas y el alma no iba a ser una excepción. Lo de la carne también creí  interpretarlo correctamente, aunque años más tarde descubriera que se trataba de otro tipo de chicha. Para mí, entonces, se refería a la prohibición de comer carne los viernes de cuaresma.

El enemigo que no llegué nunca a comprender fue el mundo. No me cabía en la cabeza que pudieran tener algo el sol, la luna, las estrellas y todos los planetas contra una pobre paloma. Pero ya estaba aleccionado de que estas cosas que no se entendían era mejor no preguntarlas, no fueran a pensar que mis creencias se tambaleaban. Para eso estaba la fe, palabra tan corta como mágica. Gracias  a ella  me había metido entre pecho y espalda el misterio de la Santísima Trinidad, con que no iba a ponerme puntilloso para aceptar que el mundo era enemigo del alma.

6 comentarios:

  1. Creer no es saber, la fe se nutre de fe y no de pruebas, es un salto, decidir habitar el misterio con confianza. A partir de esta premisa, ésta nuestro espíritu crítico, a la edad adulta, para aceptar o no ciertas ideologías fijas y/o tentativas de adoctrinamiento. Es una puerta que el adulto decide abrir, alguien entra y detrás de esa persona, toda la vida penetra con su complejidad, nos advierte de las apariencias, de las ideas simples, de las certezas, de la ilusión del saber. Lo que la vida (o el mundo) me ha enseñado es que es siempre más fuerte que yo, más compleja que yo, que resiste a todas las interpretaciones, a mis hipótesis, me ha enseñado su misterio profundo; desde que he sabido ser pequeña en un mundo profundo, limitada dentro de lo ilimitado, he encontrado mi sitio y he sabido “domar” el misterio.
    A partir de la fe que he elegido, como punto de referencia, me intereso a las demás creencias y sabidurías por un interés especial hacía el ser humano, para aprender cómo otros hombres, con otras espiritualidades viven y sobre todo, respetarlas. Un día escuché una frase muy interesante “El creyente es como un nadador, si se aferra a una sola ola, se hunde”. Pasa lo mismo con el amor, si te aferras a una sola imagen de Dios o de la persona que amas, no avanzas.
    Un fuerte abrazo, Chema.

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    1. Tiene muchas más enjundia tu comentario que mi entrada. Gracias, una vez más, Karima. Un fuerte abrazo.

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    2. No digas eso Chema, que tu entrada es muy buena, como siempre. Y de lo buena que es, invita a la confidencia. Además, me hace sentir mal y me siento hasta pedante con mi discurso ¡fíjate!. Un fuerte abrazo y que pases un buen fin de semana.

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    3. Al final voy a sentirme mal yo también, por haberte hecho sentir mal a ti. Cómo somos. Vamos a dejarlo en que hemos estado muy bien los dos y ya está.

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  2. Bien en este mundo bloguero llego a tí, curiosee y elegí esta entrada para leerte.
    He ido sonriendo según te leía y relajándome más y más, recuerdos similares volvieron a mi mente, la cual no tiene precisamente buena memoria por tanto me hizo mucho bien que tu protagonista me cogiera de la mano y me hiciera recordar mis experiencias-
    Igual no me entiendes pero me aventuraré a decir que tu elección de perfil es perfecto, me pareció transcendental y visto desde el humor de Mafalda.
    ¡excelente¡, que gusto haberte encontrado.

    Besos muchos ♥♥

    tRamos

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    1. Yo sí que tengo buena memoria para las vivencias de aquella época. Mejor que para las recientes. Síntoma inequívoco de que estoy haciéndome mayor. Esa capacidad ha servido, sin embargo, para hacerte de cicerone en un recorrido por recuerdos que te han hecho pensar en otros tuyos que tenías aparcados. Me alegro. Espero que vuelvas para hacer juntos otros trayectos.
      Muchos besos también para ti.

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