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miércoles, 27 de junio de 2012

Mis primeros pasos informáticos






Mi primer ordenador tenía 24 megas de capacidad en el disco duro. Es cierto que han pasado 22 o 23 años, pero resulta alucinante pensar que en uno de los actuales cabrían 100.000 como aquél. Entonces me daba la sensación de que iba a servirme para toda la vida, porque metía todo le que quería y apenas ocupaba espacio. Sin embargo 5 o 6 canciones de las que se pueden bajar actualmente por internet lo hubieran llenado.

Olvídate del escritorio, de los iconos, del Windows, del  ratón y por supuesto de internet. Todo eso ha ido saliendo después. El sistema operativo era el MS-DOS. Las instrucciones se daban por escrito. Para empezar a ver colores e imágenes tenías que entrar en un programa y ejecutarlo. Tuve la suerte de que en El Corte Inglés me regalaron un cursillo, de unas pocas horas, para adaptarme a mi nueva afición. Me tocó un profesor muy práctico, que se dedicó principalmente a quitarnos el miedo de enfrentarnos a lo desconocido. Nos dio las instrucciones más elementales para empezar a funcionar y nos dijo que a partir de ahí nos  iríamos complicando según necesidades y ganas. Y así fue en mi caso.

Siempre que había oído hablar de los virus informáticos pensaba que eran una tomadura de pelo. ¡Cómo iba a pillar la gripe un ordenador! ¿Se la podía contagiar yo? ¿Me la podía pasar él a mí? No tardé mucho en dejar de tomármelo a broma. El ordenador empezó a hacer cosas raras. Al principio pensé que era mi inexperiencia, pero llegó un momento en que no daba pie con bola y decidí consultar. Enseguida detectaron lo que podía ocurrir y me dieron un programa para escanear el disco duro. Cuando empecé a ver que tenía un montón de ficheros infectados por el virus de Jerusalén, empezaron a entrarme picores. Me dijeron que era el famoso viernes 13, que se había introducido a través de un programa de tratamiento de textos y se había activado al encender el ordenador en esa fecha. Como todavía no había guardado nada importante, me lo formatearon y a funcionar de nuevo. Para que no volviera a ocurrirme lo mismo (al menos con ese virus) me dijeron que cuando fuera a llegar otro “viernes 13” cambiara la fecha del ordenador a “sábado 14” para engañarlo. Así lo hice y no volví a tener problemas.

De mis primeros juegos hay tres de los que guardo especial cariño. El primero de ellos fue uno de golf. Todo era mucho más simple que lo hecho  actualmente, pero a mí  me parecía una maravilla. Sin haber jugado nunca me familiaricé con la terminología de ese deporte,  incluso con las maderas o hierros que hay que utilizar en cada momento. Podías jugar en los campos más importantes del mundo, en distintas condiciones climatológicas y del  terreno.  También tenías la posibilidad de construir tu propio campo. Yo me lo hice,  inspirándome para la creación de algunos hoyos en un manual de cruceta que tenía mi madre. Uno  de ellos era una chica paseando en bicicleta. En el lazo que llevaba en el pelo estaba el punto de salida y en el plato de la cadena el green. 

El segundo juego era el 1on1, al que ha jugado casi todo el mundo que tenía ordenador en aquella época. Michael  Jordan y Larry Bird competían en un partido individual de baloncesto y tú te encarnabas en uno de ellos. Lo mismo podría decirse de El  príncipe de Persia, aunque creo recordar que éste fue algo posterior. Aquí tu personaje era el  príncipe en cuestión y tenías que superar unos cuantos niveles para rescatar a la princesa. No se olvide que en los tres juegos comentados (salvo los usuarios de nivel que ya tenían joystick) debías defender tu suerte con el teclado. Realmente llegabas a coger auténtico callo.

Pronto me picó  el gusanillo de la programación. Me compré un libro de basic básico y empecé a hacer cosas sencillas para jugar con los sobrinos. Poco  a poco fui complicándome la vida, siempre dentro de unos límites. Me resultaba apasionante ir resolviendo los problemas que me iba planteando, con la confianza de saber que cuando algo salía mal era por mi culpa, porque este animalico no se confunde nunca. Terminé haciendo una versión casera de Cifras y Letras y otra del tradicional Mastermind.

El  programa que más llegue a dominar fue el DBase III Plus, pero a eso le dedicaré otro escrito.

Creo recordar que mi segundo ordenador ya llevaba incorporado Windows y el ratón, pero yo nunca he sido muy rompedor en mis comportamientos. Pensé que prefería ser fiel a mi MS-DOS y al teclado y no quise hacer uso de las innovaciones tecnológicas. Más tarde ya no pude negarme a la evidencia y me adapté a los nuevos tiempos. 

Con ese segundo ordenador me incorporé a lo que debía ser un preludio de lo que más tarde ha sido internet. Era un sitio en el que podías intercambiar correos  y chatear, pero con dos graves inconvenientes. El primero (también sucedió en los inicios de internet) que dejabas el teléfono incomunicado. El segundo, el precio. Aunque me advirtieron, me confié. El importe de la primera factura triplicó el habitual, que ya de por sí era alto con una madre amantísima y cuatro hijas repartidas por la geografía nacional. Le pague la diferencia a mi padre y fui mucho más prudente en su utilización. Solo me conectaba para recibir mensajes y mandar los que previamente había escrito estando desconectado. Debía salir la conexión sobre los 10 euros la hora. Así conocí a Cristina, mi primera amiga hecha a través de este mundo virtual.

10 comentarios:

  1. Qué recuerdos. Mi marido también jugaba a Príncipe de Persia y recuerdo lo del teléfono desconectado. un beso.

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    1. Realmente enganchaba. Me pegué unas cuantas sesiones hasta que conseguí rescatar a la princesa. Y después a batir el récord.
      La informatica te acrecienta la sensación de que pasa el tiempo deprisa, porque logran que en poco tiempo te quedes trasnochado si no te renuevas.
      Besos.

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  2. Me acuerdo perfectamente de los cabreos monumentales delante de la pantalla cuando perdía toda la información por torpeza o por ingenuidad y descuidar la dichosa copia de seguridad. ¡Cuántos malos ratos!
    El primer curso de informática fue en Marzo 1994, MS-Dos. ¡Cómo no recordar la fecha! Eso era para verme...Los juegos virtuales son todavía un mundo por explorar. Un fuerte abrazo, Chema.

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    1. Unos cinco años antes que tú debí empezar yo. Llegué a cogerle cariño al MS-DOS, hasta el punto que cuando salió el Windows no lo tragaba. La relación con el ordenador pasó a ser más fría. Más impuesta. Perdía sentido el calificativo de “personal”.
      Solo he ido a los cursos, al de MS-DOS (al principio) y a uno de Excel, unos cuantos años más tarde. Todo lo demás lo he ido aprendiendo buscándome la vida por mi cuenta y a fuerza de equivocarme.
      Nunca es tarde para que descubras los juegos. Pasas muy buenos ratos, aunque a veces te enganches más de la cuenta.
      Un fuerte abrazo, Karima.

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  3. Madre de dios! y yo que siempre llego tarde a todo, y más a la tecnología porque soy de las cazurras que se niega a los avances, siempre pienso que si no lo pruebo no lo puedo echar de menos, y que cuándo lo haga ya no podré vivir sin ello, es decir, intento evitar crearme necesidades, con lo que mi primer ordenador llegó a casa hace 6 años, eso sí me moló que no veas

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    1. No es que llegues tarde, sino que eres una cría. No ibas a tener ordenador al mismo tiempo que los que somos adultos desde hace años. ;-)

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    2. Ja ja, no te cachondees de mí que te doy, cuando yo tuve mi primer ordenador mis amigos llevaban años hablando de sus excelencias, y yo como siempre a la contra, ahora se ríen de mí porque soy la que más enganchada está.
      ¿No ves el fútbol?

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    3. Sí que lo he visto. Los de España no me los pierdo. Ya estamos en la final. ¡Qué pelotas tiene tu amigo Ramos!

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    4. Je je, ya te digo, no sé que ha estado haciendo, sólo lo he visto durante el himno para asegurarme de que sigue guapo y de que me miraba y ya está

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    5. Ahora me queda claro a quien le guiñaba el ojo.
      Lo de las "pelotas" lo decía por lo del penalti. Después de haber fallado uno en las semifinales de Champions, no ha tenido inconveniente en volver a tirarlo (esta vez metiendo gol) y además en plan "sobrao". Ya lo verás, porque seguro que lo ponen unas cuantas veces.

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