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CITA DEL DÍA: “Todos mienten pero no importa, porque nadie escucha” (Arthur Bloch).

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martes, 28 de agosto de 2012

Peluquería Rex







Mariano, Quinito, Enrique y Zacarías eran los primitivos socios (o los primeros que yo conocí) de la Peluquería Rex. Cuando todavía no estaban en su ubicación definitiva del Pasaje Palafox, ya les cortaban el pelo a mi abuelo y a mi padre de soltero. Zacarías se retiró prematuramente por enfermedad, pero los tres primeros aguantaron hasta que se cerró el  negocio, tres generaciones de clientes de mi familia después. Mi abuelo y mi padrino, su hermano, componían la primera. Mi padre y su hermano la segunda. Mis dos hermanos, mi primo y yo, la tercera. Mis primeros sobrinos, la cuarta. Se le saltaban las lágrimas a Mariano cuando se lo comenté, al  ir a cortarle  el  pelo  por primera vez al  mayor de ellos.

A Enrique y a Quinito,  los  otros dos socios,  siempre los confundí. No porque se parecieran,  ya que el primero  tenía el pelo  entrecano y el otro era calvo  con el pelo blanco, sino porque siempre pensé que Quinito tenía cara de llamarse Enrique y Enrique de llamarse Quinito. Al dirigirme a ellos, lo mismo que he tenido que hacer ahora para identificarlos, debía concentrarme para nombrarlos al revés de como me salía instintivamente. Nunca llegué a acostumbrarme.

Con  el paso  del tiempo se fueron produciendo las incorporaciones de Agustín, Pablo, Víctor, Honorio, Alberto, Antonio y alguno más, para tener ocupados los seis sillones que llegó a haber en la peluquería. Los nuevos se iban empapando del trato respetuoso y a la vez familiar que los socios daban a los clientes y eran correspondidos por éstos de la misma forma.

La habilidad en el uso de la tijera no era evidentemente la misma en todos los peluqueros, pero mi padre nos inculcó desde el principio que elegir al que querías que te cortara el pelo era una falta de respeto a los demás, por lo que quedó muy claro que allí te pelaba el que te tocaba. He de decir que la mayoría de los clientes actuaban de la misma forma.

Siempre recordaré el caballo de madera amarillo y rojo, puesto sobre los brazos del sillón, para que el peluquero pudiera acomodar sus riñones a la estatura del niño pequeño y éste estuviera entretenido creyendo que se trataba de un juego. O la puerta interior que daba al Hotel Goya, para que sus clientes pudieran pasar a afeitarse o arreglarse el pelo sin tener que salir a la calle. Nunca olvidaré el día en que, hospedado allí el Real Madrid por haber venido a jugar contra el Zaragoza, vi aparecer en el umbral de la misma al mítico Paco Gento. También fue cliente del hotel don Pedro Ocón de Oro, de cuya relación con él hice una entrada hace unos meses.

Una de las anécdotas más veces contada y celebrada fue la de unos hermanos trillizos, que al parecer eran clavados. Se presentó a afeitarse uno  de ellos a primera hora de la mañana, pidiendo que se esmeraran en el apurado porque le crecía muy deprisa la barba y tenía una boda por la tarde. Poco  antes de cerrar para ir a comer fue el segundo, por supuesto sin afeitar, indignado porque el apurado que había solicitado no había resultado efectivo. Más que mosqueados, le rasuraron. Por la tarde acudió el tercero, de la misma forma, pero ya estaban los otros dos esperando en la puerta para aclarar la broma y hacer efectivos los servicios pendientes. Se rieron tanto peluqueros y clientes, que les invitó  la casa. Muchos años después se le siguió sacando partido al suceso, porque siempre  había alguien que lo desconocía.

A nivel particular se hizo famosa mi relación con una de las tijeras, que al parecer salió defectuosa, de un juego que acababan de importar de Alemania. Ya llevaba fama de tener un pelo fuerte y espeso (quién me ha visto y quién me ve),  pero después de darme el primer tijeretazo y partirse en dos me gané el pitorreo para siempre. Cuando me veían aparecer hacían como que se escaqueaban, para no tener que asumir el riesgo de cortarme el pelo. Especialmente Agustín, que además de ser un cachondo había sido el ejecutor del famoso corte.

Un suceso tiñó de luto a la familia que componíamos peluqueros y clientes. Honorio, uno de los componentes de la plantilla, natural de Huerto (Huesca), murió con su mujer en accidente de circulación, dejando  huérfana a una niña de meses, que habían logrado tener después de bastantes años de infructuosa espera. Vaya mi recuerdo  para él, buen peluquero y mejor persona.

Cuando se cerró la peluquería por jubilación de los socios, el cierre paulatino del Pasaje Palafox al comercio impidió que los  más jóvenes pudieran seguir en el mismo local. En mi familia tuvimos la suerte de que Alberto Alonso, uno de los mejores personal y profesionalmente, instalara su propio negocio en el número 7 de la calle La Paz de nuestro barrio. Mi padre, hasta que murió, mis hermanos y yo, hasta que empecé a afeitarme la cabeza por falta de materia prima, hemos  sido clientes de su peluquería. Y por muchos años porque Nuria, la hija de Alberto, ya le acompaña en el negocio y ha sacado las habilidades de su padre. De casta le viene al galgo.

Fue Alberto el último en cortarle el pelo a mi padre. Sabía de su enfermedad y supuso que ese era el motivo por el que llevaba más  tiempo del habitual sin pasar  a visitarle, por lo que se ofreció a venir a casa. Aquél día prescindió de media hora de su corto descanso  del mediodía, para hacer ese trabajo antes de abrir la peluquería por la tarde. Cuando  fuimos a pagarle nos dimos cuenta de que estábamos ofendiéndole. Lo que acababa de hacer no formaba parte de su negocio y lo que se hace por amistad no se cobra.

30 comentarios:

  1. Hola Chema, mi padre, me ha hablado bastante de esa peluquería y me ha contado alguna anécdota, pero la que más me ha gustado desde pequeño es la de Gento, dado que es un futbolista histórico.
    Mi padre y yo nos seguimos cortando el pelo en la peluquería de Alberto y corta el pelo muy bien, lo quieras corto, largo o como sea.
    Un saludo.

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    1. Ya lo sé, Antonio. Precisamente hoy tenéis hora pedida (o al menos tu padre), porque Alberto acaba de volver de vacaciones. Yo fui cliente hasta que hace un par de años, como sabes, empecé a afeitarme el pelo. De vez en cuando entro a saludarlo.

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  2. Bueno, ha sido una lectura entrañable con pizcas de humor.
    Saludos.

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    1. Gracias por entrar a mi blog y hacerte seguidora. Eso me ha permitido conocer el tuyo y poder hacer lo mismo. Bienvenida.
      Saludos.

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  3. Ay que bonito y que entrañable Chema, cuándo las cosas se cuentan bien, hasta estas pequeñas historias cotidianas resultan agradables de leer, me ha dejado un poso de añoranza así agridulce...
    Muchos besos

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    1. Me alegra que te haya gustado, Inma. Tienes razón en lo del sabor agridulce. Es triste que los mayores de la historia hayan ido desapareciendo de mi vida, pero muy bonito que hayan dejado esa huella.
      Besos también para ti.

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  4. Este oficio de barbero, que es como se llamaba antigüamente, es una de las pérdidas que nos ha traído el ¿progreso?
    Está contado con mucho cariño y mayor pericia. Cierto que como dice Inma te deja un cierto poso agridulce. Es lo que tiene la nostalgia.
    Un abrazo compañero.
    P.D. Estoy un poco vago y lo que estoy haciendo es traer al primer plano de mi blog entradas antiguas.

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    1. Yo no he llegado a hacer uso del barbero como tal, pero así los llamaban. Daba gusto verlos funcionar con la brocha, la espuma y la cuchilla. Son recuerdos entrañables, con ese sabor agridulce que comentáis.
      Ya me he dado cuenta de tu repesca de entradas antiguas y voy leyéndolas. El único pequeño problema es que en mi lista de entradas de blogs amigos se ordenan por fecha de aparición.
      Un fuerte abrazo, Miguel.

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  5. Qué historia más edificante. Las personas que practican su oficio con tanto cariño hacen que cualquier trabajo se dignifique. Un beso.

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    1. Así es, Susana. No te puedes figurar la cantidad de personas que hay en Zaragoza, de más de cuarenta años, que conocían esa peluquería y se les alegra la cara con los recuerdos cuando se la nombras.
      Besos.

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  6. Bonito recuerdo, compañero: me has hecho acordarme de mi caballo negro, que como el tuyo se colocaba sobre el asiento de mimbre del sillón y se apollaba sobre los reposabrazos de cerámica.

    Los peluqueros son personajes entrañables dentro del comercio: has oído tantas cosas de crío en las peluquerías, oyendo hablar a los mayores; y les has contado, ya mayor, tantas cosas a esta gente, que son un poco como de la familia.

    Te ha quedado fantástica la entrada. Y el detalle final, del gesto humano de ese profesional hacia tu padre, ha sido un broche perfecto.

    Un abrazo (con el cogote 'en redondo')

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    1. Al principio cogote redondo y cuello blanco, a base de meter la máquina para que aguantara más tiempo. Luego nos volvimos más puntillosos y queríamos que no nos cortaran demasiado, para no sacar cara de catetos. Incluso había quien se lo cortaba a navaja. Ya no te digo el que se hacía la manicura, que a los más austeros nos parecía una mariconada.
      Un fuerte abrazo.

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    2. estupenda entrada. buenos tiempos, hasta para los trillizos.

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    3. Muchas gracias por tu comentario, Luis. Bienvenido.
      He estado mirando si tenías algún blog para devolverte la visita y no he sido capaz de encontrarlo. Si vuelves por aquí, si lo tienes, te agradecería me dejaras el enlace.

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  7. Precioso relato. Esos sitios a los que has ido desde pequeño, que te ha llevado tu padre ó tu madre, forman parte de tu vida y tú de la de ellos.
    Precioso. Me has hecho recordar a mi peluquera desde niña y que casí lloró cuando le dije que quería que me peinara el dia de mi boda, de la emoción.
    Besazo

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    1. Así es, Dolega. Son recuerdos muy entrañables de gente a la que llegabas a tener verdadero aprecio y ellos a ti. Te habían hecho el primer corte de pelo y todos los demás. Recordaban a tu abuelo y te contaban anécdotas de él que tú desconocías. Es triste, pero creo que eso se está perdiendo.
      Besos.

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  8. Hermoso relato amigo, me has recordado de golpe y porrazo a mi abuelo y su eterno y adorado "Darío", hasta hace pocos años mi padre y mi hermano iban hasta su casa a que les corte el pelo el mismo que le cortó el pelo a mi bisabuelo y abuelo. Cuando mi niño nació, uno de los lamentos de mi papá es que ya Darío había muerto y no iba a poderle cortar el pelo...

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    1. Vuestro Darío es un calco a lo que fueron los peluqueros de la Rex en mi familia. Cuatro generaciones pasamos por sus tijeras. Este relato ya no llegará a tiempo para ser leído por los mayores, pero he querido escribirlo igualmente para que quede mi constancia de la huella que dejaron en muchas familias de Zaragoza.

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  9. Excelente, realmente, excelente. ¿qué significa que los hermanos eran clavados?

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    1. Muchas gracias, Garriga.
      "Clavados" quiere decir muy parecidos, casi idénticos.
      Saludos.

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  10. Una de tus mejores entradas y no lo digo solo por la escritura, que es perfecta, sino también por los sentimientos y vivencias que tienes la generosidad de compartir con nosotros. Sé que “Ruja” ocupa para ti el puesto nº 1 pero hay una que no debería pasar desapercibida y que siempre recuerdo especialmente, tu homenaje a Ileana.
    Un fuerte abrazo, Chema.

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    1. Me emociona que controles tanto sobre mi blog, Karima. Y que señales entre tus favoritas una entrada que también está entre las mías, la de Ileana, que ha pasado casi desapercibida en cuanto al número de entradas. Por motivos similares, también le tengo especial cariño a la de “Ma petite”. Ambas emocionaron a las interesadas y me produjo una gran alegría. La de Ruja también tuvo un efecto parecido en su familia (él murió hace años), pero la señalo como mi favorita porque me parece un poco más elaborada desde un punto de vista literario.
      Hoy especialmente muchas gracias por estar ahí. Y también un especial y fortísimo abrazo.

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  11. Una historia entrañable y bonita. Una pena que cada vez queden menos negocios así de cercanos, donde da gusto volver.
    Un saludo Chema.

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    1. Muchas gracias, Jon. Tienes toda la razón. Cada vez es más complicado encontrar negocios tan antiguos, con profesionales tan humanos y clientes tan fieles.
      Un saludo.

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  12. La pátina del tiempo no ha desdibujado la peluquería ni a sus peluqueros, contada de una manera tan entrañable has hecho que cobre vida para nosotros. Un relato precioso y muy emotivo.

    saludos :)

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Pilar.
      Saludos.

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  13. Feliz 2013 Chema!! Gracias por el relato hacia los peluqueros y en especial y recuerdo hacia los de la Peluqueria Rex. Que 2013 te sea grato y recibe un saludo muy afectuoso de Alberto.

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    1. Podría decirse que no he conocido otros peluqueros que los de la Rex, porque fue mi peluquería de toda la vida hasta que la cerraron. Desde entonces todos los cortes de pelo, hasta que decidí afeitarme la cabeza, me los has hecho tú. No me costó ningún esfuerzo escribir sobre el asunto, porque guardo un recuerdo muy entrañable de todos en general y de ti de manera particular.
      Un fuerte abrazo y también te deseo lo mejor para el 2013.

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  14. Qué relato tan bonito. Te juro que me ha emocionado, quizá porque en todos los barrios había una peluquería parecida a la que tan bien acabas de pintar, y me has traído mil recuerdos de mi infancia, de mi familia, de tiempos, más sencillos y más felices.

    Un abrazo, señor.

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    1. Me alegra que te haya gustado, Alfredo. Muchas gracias por pasarte a leerlo.
      Un abrazo.

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