Cita del día



CITA DEL DÍA: “El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado” (Sacha Guitry).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: La novia del ordenador


viernes, 29 de mayo de 2015

Feliciano






Feliciano no es su nombre de pila, sino un apelativo. Se llama de otra manera. Es ese supuesto amigo que tienes, al que si le dices que se está portando contigo como un cabrón va a sorprenderse. Jamás haría nada que pudiera perjudicarte. Sabe que casi todo el mundo le considera una excelente persona.

Feliciano es la versión masculina de Antoñita la Fantástica. Ha nacido para ser feliz y está dispuesto a que nada ni nadie se lo impida. A lo sumo alguna desgracia familiar grave, pero nada más. Se cree bendecido por los dioses y actúa en consecuencia. A él no pueden salirle mal las cosas. Cuando le sucede, mira para otro lado esperando que se arreglen solas. Nunca escarmienta, aunque tropiece cien veces en la misma piedra. Es un pésimo administrador, de su dinero y del ajeno. Calcula mal sus posibilidades económicas, porque no se plantea imprevistos sobre sus optimistas expectativas. Presume de vivir al día, pero con frecuencia se pilla los dedos. Y ahí puedes entrar tú, su amigo, seguramente con ingresos mucho más modestos que los suyos. No cree que tenga que agradecerte demasiado que le dejes dinero, porque piensa que él haría lo mismo por ti. Además, solo te lo está pidiendo para dos semanas. Como los plazos están para incumplirlos, llegado el momento te hablará de un pequeño retraso. Un año después seguirá utilizando el mismo argumento, absolutamente convencido y sin rubor alguno. Y así hasta cuando aguantes, porque siempre tendrá algún gasto apremiante que atender u otros acreedores que le atosiguen más que tú. Cuando te hartes te mirará con cara de que él nunca se hubiera portado así contigo. De que la amistad debería estar por encima de las cosas materiales. Casi sin darte cuenta habrá pasado a adjudicarte el papel de malo de la película.


lunes, 25 de mayo de 2015

Por qué, por que, porqué y porque






Hay que buscar el porqué
de estar junto o separado, 
sin tilde o acentuado.
¿Por qué ahora pongo por qué?
Porque te lo he preguntado.



Existen las cuatro formas posibles (juntas, separadas, con y sin tilde), pero no es tan difícil distinguirlas. De hecho nuestra pronunciación no es la misma en unas y otras.

Por qué es interrogativo ("¿Por qué le has insultado?") o exclamativo ("No entiendo por qué le has insultado").

Porque responde a la pregunta ¿por qué?: "Le he insultado porque es un impertinente".

Porqué es un sustantivo, sinónimo de causa, razón o motivo. "Ya me explicarás el porqué de tus insultos".

Por que equivale a por el cual, por la cual, por los cuales o por las cuales. "Ese ha sido el motivo por que le he insultado".


En Los errores más comunes y habituales en el mal uso de la lengua española encontrarás información sobre esta y otras muchas cuestiones.


jueves, 21 de mayo de 2015

La doble erre en palabras compuestas






Casi todo el mundo sabe que para distinguir los dos sonidos de la letra erre que pueden darse cuando va entre dos vocales se escribe una (pera) o se escriben dos (perra). No existe esa necesidad cuando va al principio de una palabra (rata) o al final (enseñar), antes de una consonante (nervioso) o después (Enrique). En estos casos el sonido es evidente.

Sin embargo hay una duda que se plantea a algunas personas al escribir, cuando palabras que empiezan por r (rayos, retrato, rector, rojo, reportaje...) forman una palabra compuesta y queda la r entre dos vocales. En este caso tiene que utilizarse también rr (pararrayos, autorretrato, vicerrector, infrarrojo, fotorreportaje...). Pararayos, autoretrato, vicerector, infrarojo, fotoreportaje... son faltas de ortografía. 

Fundéu BBVA lo recoge en un artículo.


domingo, 17 de mayo de 2015

Las mayúsculas también llevan tilde






Todavía hay quien se pitorrea del que las pone, como si fuera más papista que el Papa. ¿Desde cuándo se acentúan las mayúsculas? Pues desde siempre, para que lo sepas. 

Dice la RAE que las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla según las reglas de acentuación gráfica del español, tanto si se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas (BEBÉ A BORDO) como si se trata únicamente de la mayúscula inicial (Ángel)

La mala costumbre de no poner esas tildes puede venir derivada de los problemas técnicos que generaba hacerlo en las imprentas manuales, pero hoy en día ya no hay excusas que valgan. Así que si te llamas Ángel no dejes la lectura de tu nombre a la buena voluntad de quien lo lea, salvo que quieras arriesgarte a que lo pronuncie como la capital de Argelia y no tengas derecho a quejarte. Y si quieres que el de atrás conduzca con más prudencia porque llevas un niño de pecho en el coche escribe en la luna trasera BEBÉ A BORDO, porque si no pones la tilde conseguirás el efecto contrario.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Saludos fuertes y abrazos agradecidos






De un tiempo a esta parte estoy observando con relativa frecuencia que la gente acompaña sus saludos con el calificativo fuerte, como si la fuerza les aportara algún valor añadido. Puedo entender que se salude de manera cordial o afectuosa, pero lo de enviar "un fuerte saludo" me parece que es como gritar para decir hola o adiós.

Sucede lo contrario con los abrazos, a los que sí encaja perfectamente el adjetivo fuerte; sin embargo hay personas a las que mandas un abrazo y te responden con un "gracias" (en vez de con "otro muy fuerte para ti", por ejemplo), limitándose a reconocer la muestra de afecto recibida en vez de corresponderla. 


sábado, 9 de mayo de 2015

Citas (891 a 900)



Nieves, de Avernolandia's Blog



BLOGUEROS



Nuestro inolvidable Miguel, de Entre el olvido y la memoria, convocó a los blogueros a manifestar sus Me gusta / No me gusta. He aquí una pequeña muestra de la respuesta que recibió.




891. "Me gusta que me demuestren el cariño sincero, no soy adivina... No me gusta la hipocresía, prefiero un escupitajo, se puede limpiar mejor" (Nieves, de Avernolandia's Blog).


892. "Me gusta subirme por la mañana en la balanza y ver que he bajado peso. No me gusta lo que he tenido que hacer para conseguirlo" (Miguel Merino, de Entre el olvido y la memoria).


893. "Me gusta el mar. No me gusta la playa... Me gustan las personas. No me gusta la gente... Me gusta pasear. No me gusta andar" (Inma, de Territorio sin dueño).


894. "Me gusta el primer café en el jardín. No me gusta el desayuno tipo inglés o americano, con huevos, bacon, tomates y miles de olores más" (Dolega, de El blog de Dolega).


895. "Me gusta la libertad, sentirme libre, hacer lo que me apetezca en ese momento. No me gusta que me manden. Lo llevo fatal por eso mi jefe es de la familia, para tener confi de mandarlo a tomar por culo cuando se tercie..." (Maite N. de El sitio de mi recreo).


896. "Me gustan las verdades que me alegran el corazón. No me gustan las mentiras que me evitan pesares" (Agniezka).


897. "Me gustan los reencuentros. No me gustan las despedidas. Ni los finales" (Adwoa, de La puerta entornada).


898. "Me gustan las cosas que me gustan porque me gustan mucho" (Moneypenny, de Si te dicen que fui yo).


899. "No me gusta lo ordinario y lo soez, con lo bonito que es el idioma me toca los cojones que la chusma recurra a los putos tacos" (Dessjuest).


900. "Me gusta pensar que tendré una vida plena y que al final de mis días, como resumen, cantaré la canción de Serrat que contiene mi nombre" (Alberto Diéguez, de Desafectos).




Citas (881 a 890)                                                                                         Página principal

martes, 5 de mayo de 2015

Lo que dura un berrinche






Nadie parece querer calibrar lo importante que es para mí. Lo quiero. Lo necesito. Insisten en la negativa y rompo a llorar casi sin darme cuenta. Mi propio llanto me permite tomar conciencia de lo desgraciado que puedo llegar a ser. Estoy realmente jodido, como se refleja claramente en mis posteriores manifestaciones de dolor. El tono que han adquirido no debería pasar desapercibido a una persona medianamente sensible. Sin embargo ya no están haciéndome ni puto caso. Lo malo es que la ignorancia con que me castigan está mermando mis fuerzas. Tengo que concentrarme en mi pena. En esa pena que me tenía acongojado hace unos pocos minutos y me hacía llorar desconsoladamente. Estoy dándome cuenta de que ya no me salen lágrimas. De que mi berrinche ya solo tiene sonido. Van a pensar esos cabrones de mayores que se me ha pasado. Que era una simple pataleta de niño. Y no es así. No puede salirles tan barato el disgusto que me están dando. Por fin vuelven a prestarme un poco de atención, pero es para tratar de engatusarme. Se creen muy listos, pero no van a salirse con la suya. Voy a seguir berreando hasta que consiga mi objetivo, aunque reconozco que cada vez me está costando más esfuerzo mantener el tipo. En un descuido he bajado la guardia y hasta se me ha escapado un poco la risa. Me parece que la he cagado. He  perdido. Soy imbécil.


viernes, 1 de mayo de 2015

Religioso por cojones






El otro día estuve en un funeral y en la homilía creí que me había confundido de difunto. Se ve que el sacerdote no lo había conocido, pero había sido aleccionado por un miembro de la familia que era muy religioso. El difunto no. El difunto solo era una de las mejores personas con las que he tenido la suerte de toparme en mi vida. Un señor de los pies a la cabeza. Marido y padre ejemplar, el mejor amigo de sus innumerables amigos, entrañable, modesto, generoso, campechano, responsable, trabajador, honesto a carta cabal, consecuente con sus ideas, respetuoso con las opiniones y creencias de los demás... pero no especialmente religioso. El familiar le hizo el favor de subsanar esa imprescindible condición para poder considerarlo bueno y el cura nos pintó a un señor que nos resultó algo ñoño y absolutamente desconocido.

Nunca entenderé a esas personas que necesitan redimir a los demás con sus convicciones para poder juzgarlos dignos de merecer el paraíso.